Dónde abandona la gente en los Tres Pasos del Everest
En Chukhung, a 4.730 metros, hay un comedor con estufa de estiércol y ocho personas alrededor de la mesa. Cuatro salen mañana hacia el primer collado. Las otras cuatro han decidido bajar al valle y enlazar con la ruta normal: dos por dolor de cabeza que no se va, una porque lleva tres noches sin dormir y otra porque el parte anuncia nieve. Ninguna de las cuatro ha hecho nada mal.
El circuito de los tres collados del Khumbu no se abandona por falta de ganas. Se abandona en cuatro o cinco puntos concretos, siempre los mismos, y todos ellos son previsibles desde casa. Conocerlos con antelación cambia la forma de repartir los días, y sobre todo cambia la forma de encajar la retirada cuando toca.
Aquí va el perfil completo, punto por punto, con las noches que exige cada tramo, el sentido de recorrido que mejor prepara el cuerpo y los sitios donde la gente se baja del plan.
En síntesis
- Duración: entre dieciocho y veintiún días desde el aeródromo de montaña, más margen por vuelos.
- Altura máxima: los tres collados rondan los 5.400 metros y el mirador más alto pasa de los 5.500.
- Noche más alta: 5.164 metros, y es la que más gente manda para abajo.
- Ritmo: no más de 300 a 500 metros de desnivel de pernocta al día por encima de los 3.000, con día de descanso cada tres o cuatro jornadas.
- Puntos de abandono: la segunda noche en Namche, el paso más alto, la noche de Gorak Shep y el collado central cuando amanece nevado.
- Material clave: saco caliente, plumas, cadenas o crampones ligeros para los collados y gafas de glaciar.
- Aviso: no hay número de emergencias que resuelva esto solo; el rescate se coordina con la agencia y con la aseguradora.
El recorrido: tres collados, dos miradores y un campo base

La ruta parte del aeródromo de montaña del Khumbu, a 2.840 metros, y sube por el valle del río hasta Namche Bazar, a 3.440. Namche es el centro logístico de la comarca: allí se compra lo que falta, se cambia dinero y se pasa la primera aclimatación seria.
Desde ahí el circuito describe un anillo que enlaza los tres collados con el campo base del Everest y dos miradores. El primero se sube desde Gorak Shep y ronda los 5.545 metros; el segundo se levanta sobre el lago de Gokyo y anda por los 5.357. Entre medias, los tres pasos del Everest que dan nombre al circuito: uno por encima de los 5.500 metros, otro en torno a los 5.420 y el tercero alrededor de los 5.360.
El anillo se cierra por el valle de Thame y vuelve a Namche. En total, entre dieciocho y veintiún días de caminata efectiva, a los que hay que sumar margen por los vuelos de acceso, que dependen del tiempo y se cancelan con frecuencia. En temporada alta, además, esos vuelos salen a menudo de un aeródromo situado a varias horas de carretera de la capital.
Los trámites son dos: la entrada al parque nacional y el permiso del municipio rural del Khumbu. Las normas sobre guía obligatorio han cambiado varias veces en los últimos años, así que conviene confirmar el requisito vigente con la agencia antes de comprar el billete.
Los números que hay que tener delante antes de reservar
Esta es la columna vertebral del circuito en sentido antihorario, con las altitudes de referencia y el papel de cada punto. Las cifras exactas varían unos metros según la fuente.
| Punto | Altitud | Noches habituales | Papel en el circuito |
|---|---|---|---|
| Namche Bazar | 3.440 m | 2 | Primera aclimatación y última tienda seria |
| Dingboche | 4.410 m | 1 o 2 | Segunda parada de aclimatación |
| Chukhung | 4.730 m | 1 o 2 | Base del collado más alto |
| Primer collado | unos 5.535 m | Se cruza | Jornada de diez a doce horas, sin refugio intermedio |
| Lobuche | 4.940 m | 1 | Enlace con la ruta clásica del campo base |
| Gorak Shep | 5.164 m | 1 o 2 | Noche más alta; campo base y mirador |
| Dzongla | 4.830 m | 1 | Base del collado central |
| Gokyo | 4.790 m | 1 o 2 | Lagos y segundo mirador |
| Tercer collado | unos 5.360 m | Se cruza | Salida hacia el valle de Thame |
Mirando la tabla se entiende el problema de fondo: son tres semanas moviéndose casi siempre entre los 4.500 y los 5.500 metros, con muy pocas ocasiones de bajar a recuperar de verdad.
El sentido antihorario y por qué lo elige casi todo el mundo

Recorrer el anillo en sentido antihorario significa subir primero por el valle principal, cruzar el collado más alto y terminar por el valle de Thame. Es la opción mayoritaria y tiene una razón sólida: aprovecha las paradas de aclimatación ya consolidadas de la ruta clásica.
Cuando llegas al primer paso llevas ocho o nueve días de subida progresiva, con dos noches en Namche y dos en la zona de Dingboche. En sentido contrario, en cambio, se afronta un collado de 5.360 metros con bastantes menos días encima, y el valle de Thame tiene menos alojamientos donde intercalar noches intermedias.
El sentido horario tiene sus defensores y sus ventajas: mucha menos gente desde el primer día, un valle precioso y la sensación de entrar por la puerta de atrás. Exige, eso sí, añadir dos o tres noches de aclimatación en la parte baja del valle antes del collado, y aceptar que si algo va mal la evacuación es más lenta.
Hay un factor más, poco romántico pero decisivo. En sentido antihorario, los tramos donde más gente abandona quedan en la primera mitad, cuando todavía es fácil enlazar con la ruta clásica y seguir el viaje con otro plan.
Cuántas noches hacen falta arriba antes del primer collado
La referencia que manejan los servicios médicos de montaña es conocida: por encima de los 3.000 metros conviene no aumentar la altitud de pernocta más de 300 a 500 metros al día, y añadir una noche de descanso cada 1.000 metros ganados o cada tres o cuatro jornadas. Lo que cuenta es dónde duermes, no la cota máxima que tocas por el día.
Aplicado a este circuito, eso se traduce en dos noches en Namche, dos en Dingboche o una en Dingboche y otra en Chukhung, y en no encadenar dos noches por encima de los 5.000 metros si se puede evitar. Los itinerarios de doce días que se ven anunciados cumplen mal esa regla.
Los días de aclimatación no son días de reposo en la cama. Se sube por la mañana trescientos o cuatrocientos metros por encima del alojamiento, se pasa allí un rato y se baja a dormir. Caminar despacio, beber y comer aunque no apetezca es la mitad del trabajo.
En la zona intermedia del valle hay un puesto de socorro de montaña, en torno a los 4.300 metros, que en temporada suele ofrecer charlas diarias sobre el mal de altura. Media hora allí explica mejor los síntomas que cualquier lectura previa, y está en el camino.
Primer filtro: la segunda noche en Namche
La subida a Namche desde el puente colgante son unos seiscientos metros de desnivel en un par de horas, casi siempre con menos aclimatación de la conveniente porque el vuelo deja directamente a 2.840 metros.
Los síntomas aparecen en la segunda noche: dolor de cabeza que no cede con analgésico, insomnio, falta de apetito, náuseas. Es el primer filtro real del viaje y donde se decide una parte del resto. Quien fuerza aquí llega tocado a todo lo demás.
Hay dos causas añadidas que se repiten. La primera es llegar con una infección respiratoria arrastrada de la capital, que en aire frío y seco empeora a marchas forzadas. La segunda es el ritmo: gente joven y entrenada que sube muy deprisa porque puede, sin entender que la forma física no protege del mal de altura.
La solución en Namche es barata: una noche más. Un día extra aquí cuesta poco dinero, cuesta poco tiempo dentro de un viaje de tres semanas y evita la mayoría de los abandonos posteriores. Es la primera lección de cualquier preparación seria de alta montaña: los días sobran solo hasta que hacen falta.
Segundo filtro: Chukhung y el collado más alto
Chukhung, a 4.730 metros, es la base del paso más alto de los tres. La jornada del collado es la más dura del circuito: entre diez y doce horas, un desnivel largo por pedrera y morrena suelta, sin ningún alojamiento intermedio y con el cruce de una lengua glaciar antes de llegar al otro lado.
Es también el paso que más gente se salta. La alternativa es cómoda y legítima: bajar de Dingboche por el valle y enlazar con la ruta clásica, que lleva al mismo sitio en dos etapas suaves. Muchos grupos deciden esto en el desayuno, al ver el parte o el estado de las piernas.
La regla horaria aquí es estricta. Se sale de noche, con frontal, y hay que estar en el collado antes del mediodía; si a esa hora no se ha llegado, la decisión correcta es volver a Chukhung, porque el descenso hasta el siguiente pueblo es largo y no hay dónde parar.
Quien lo cruce debe llevar cadenas o crampones ligeros, aunque no haya nevado, y bastones. La morrena final, con el hielo del glaciar cubierto de piedra suelta, es donde se producen los esguinces que terminan el viaje.
Tercer filtro: dormir en Gorak Shep
Gorak Shep, a 5.164 metros, es la noche más alta del circuito para casi todo el mundo, y es donde el cuerpo pasa factura de lo acumulado. El comedor está caliente y las habitaciones no; se duerme mal, se come poco y la respiración periódica de la noche despierta con sensación de ahogo.
El día tipo aquí es doble: campo base por la mañana o por la tarde, mirador de madrugada al día siguiente para ver amanecer sobre la pared. Son dos salidas exigentes con muy poco oxígeno y con frío intenso antes de que salga el sol.
El patrón de abandono en este punto es distinto al de Namche. Aquí la gente no se encuentra mal necesariamente: ha visto el campo base, que era su objetivo emocional, y le quedan diez días de circuito con dos collados por delante. Bastantes deciden bajar y ahorrarse la segunda mitad.
Conviene decidirlo con la cabeza y no con el cansancio de esa mañana. Una noche de descenso a Dingboche o a Pheriche cambia por completo la percepción, y desde ahí se puede volver a subir hacia el collado central sin haber perdido apenas nada.
El collado central cuando amanece nevado
Desde Dzongla, a 4.830 metros, el paso central se afronta con salida entre las cinco y las seis de la mañana. La subida termina en un tramo rocoso empinado y, junto al collado, hay una zona de nieve y hielo tendida que se cruza con cuerda fija en algunos años y sin ella en otros.
Con el terreno seco es una jornada larga pero asequible. Con nieve reciente cambia de categoría: las grietas se tapan, la huella desaparece y el hielo bajo la nieve obliga a llevar crampones de verdad. Es el punto del circuito donde más sentido tiene contratar a alguien que lo conozca.
Si nevó la víspera, las dos decisiones razonables son esperar un día en Dzongla o rodear por el valle, bajando y volviendo a subir hacia los lagos por el otro lado. Se pierden dos jornadas y se conserva el viaje entero.
El error clásico consiste en cruzar igualmente porque el grupo va justo de días. Ir con el calendario apretado es lo que convierte una decisión técnica en una apuesta, algo que se repite en todas las rutas que se plantean al límite de las fuerzas.
El tercer paso, el que casi nadie abandona
El collado que cierra el anillo, en torno a los 5.360 metros, es el que menos abandonos registra, y no porque sea fácil. Es que a esas alturas del viaje llevas más de una semana durmiendo por encima de los 4.500 metros y el cuerpo funciona.
La subida desde los lagos es sostenida y la vista desde arriba es, para mucha gente, la mejor del circuito. El descenso lleva a un valle mucho más tranquilo, con pocos alojamientos, así que las etapas hay que planificarlas con el mapa delante y sin improvisar.
Ese valle sufrió en 2024 una riada de origen glaciar que dañó parte del pueblo principal, de modo que conviene confirmar con la agencia el estado actual de los alojamientos y del camino antes de contar con ellos.
La bajada final hasta Namche cierra el círculo y devuelve a un mundo de panaderías y duchas calientes. En dos días se está de vuelta en el aeródromo, con el margen que exigen los vuelos.
Qué condición física pide de verdad
El circuito no es técnico, pero es largo. Hay que poder caminar de seis a ocho horas diarias durante tres semanas, con ocho o diez kilos a la espalda, encadenando jornadas de mil metros de desnivel positivo y con dos o tres días de diez a doce horas.
La preparación que funciona son meses de salidas con mochila y desnivel acumulado, no gimnasio. Subir y bajar con peso, en terreno irregular, es lo que prepara rodillas y tobillos para las pedreras de los collados.
Dicho eso, la forma física no da inmunidad frente a la altura. La susceptibilidad al mal agudo de montaña es individual, poco relacionada con el estado de forma y bastante consistente entre viajes: quien lo pasó mal a 4.500 metros una vez tiende a repetirlo.
Quien no tenga esa base y aun así quiera ver la zona tiene alternativas honestas: la ruta clásica del campo base sin collados, o el valle de los lagos por su cuenta. Ambas son viajes completos, no versiones menores, igual que ocurre en otras grandes rutas que se pueden recorrer por tramos.
El material que marca la diferencia en los collados
El saco es la primera pieza. Los alojamientos no tienen calefacción en las habitaciones y por encima de los 4.500 metros la temperatura interior cae bastante por debajo de cero: un saco con temperatura de confort en torno a los diez o quince grados bajo cero es lo razonable.
Después va el aislamiento personal: chaqueta de plumas para las paradas y para las noches, guantes de dos capas, gorro, braga y calcetines de repuesto secos. La ropa mojada a esas alturas no se seca sola.
Para los pasos, cadenas o crampones ligeros y bastones. Gafas de glaciar de categoría alta y protección solar fuerte, porque la radiación sobre nieve a 5.000 metros quema en minutos. Una batería externa grande resuelve el problema de que cargar cuesta dinero en cada alojamiento y el frío consume el doble.
Y el seguro. Tiene que cubrir de forma expresa trekking hasta la altitud máxima prevista, con evacuación en helicóptero y repatriación. Es la única partida del viaje que uno espera no usar y la que decide qué pasa el día malo.
Lo que se hace cuando el cuerpo dice que no
El tratamiento del mal de altura es bajar. No hay otro que funcione igual de rápido, y quinientos o mil metros de descenso resuelven la mayoría de los cuadros leves en unas horas. Los síntomas que obligan a bajar de noche y sin discutirlo son la falta de coordinación al caminar, la confusión y la dificultad para respirar en reposo.
La estructura de ayuda del valle existe pero es limitada: el puesto de socorro de la zona intermedia, un hospital pequeño cerca de Namche y helicópteros que vuelan cuando el tiempo lo permite. El aviso se da por teléfono satelital o por radio a la agencia, que activa a la aseguradora; no hay un número general que resuelva esto por sí solo.
Abandonar un collado no significa abandonar el viaje. El circuito es modular: se puede saltar el primer paso por el valle, rodear el central por la ruta clásica y hacer solo el tercero desde los lagos. Muchos de los que llegan a casa contentos han recortado por algún sitio.
Lo que no admite recorte es el criterio. En los tres pasos del Everest la decisión difícil casi nunca es técnica: es aceptar, con el paso a la vista y el billete pagado, que hoy toca dar la vuelta.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días hay que reservar en total?
Entre dieciocho y veintiún días de caminata, más dos o tres de margen por si los vuelos de acceso se cancelan por mal tiempo, más los traslados. Contar menos de tres semanas y media de viaje completo es apretar demasiado.
¿Cuál es la mejor época?
Octubre y noviembre dan cielos estables y frío creciente; abril y mayo son algo más templados y con más bruma. El invierno cierra alojamientos y el monzón de verano borra las vistas y complica los vuelos.
¿Hace falta experiencia en glaciar?
En condiciones normales no, más allá de saber caminar con cadenas o crampones ligeros. Con nieve reciente sobre el paso central sí conviene ir acompañado por alguien con experiencia, o esperar a que la huella se rehaga.
¿Se puede dormir siempre en alojamiento?
En casi todo el recorrido sí, pero no en los tres collados, que se cruzan en el día porque no hay nada entre medias. En temporada alta conviene contar con que en los pueblos pequeños las plazas se agotan por la tarde.
¿Sirve de algo la medicación preventiva para la altura?
Existen fármacos que se usan para acelerar la aclimatación y tienen indicaciones y efectos concretos, así que esa conversación es con un médico especializado en medicina de montaña antes de salir. Ninguno sustituye a subir despacio ni autoriza a saltarse un día de aclimatación.
