El Gran Sasso está a dos horas de Roma y casi vacío en octubre
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El Gran Sasso está a dos horas de Roma y casi vacío en octubre

Desde el anillo de circunvalación de Roma hasta el aparcamiento donde arranca la subida hay algo más de dos horas de autopista. Al llegar arriba, un martes de octubre, había seis coches y ningún autobús. Enfrente, una pared caliza de casi mil metros y, detrás, una meseta de pasto amarillo que se pierde en el horizonte sin una sola casa.

El macizo que sostiene el techo de los Apeninos vive una paradoja curiosa. Está a distancia de excursión de una de las ciudades más visitadas del mundo, tiene la cota más alta de la península italiana y el hielo permanente más meridional del continente, y aun así fuera de los fines de semana de agosto su afluencia es la de una sierra local.

Lo que sigue es un perfil del macizo pensado para octubre: cómo se llega desde Roma, qué travesías de dos y tres días tienen sentido, en qué estado está el terreno cuando llegan las primeras nieves, qué refugios siguen operativos y qué fauna se puede cruzar en el camino.

Ficha del macizo

  • Cota máxima: Corno Grande, 2.912 metros, el punto más alto de los Apeninos.
  • Meseta base: Campo Imperatore, una altiplanicie que se mueve alrededor de los 1.800 metros.
  • Distancia desde Roma: unas dos horas por autopista hasta el pie del macizo.
  • Protección: parque nacional que abarca el macizo y las montañas contiguas del norte.
  • Hielo: el Calderone, encajado bajo la cara norte, es el cuerpo de hielo permanente más meridional de Europa y lleva décadas retrocediendo.
  • Octubre: entre nueve y once horas de luz, primeras nevadas por encima de los 2.200 metros y placas de hielo a la sombra.
  • Condición física: jornadas de seis a nueve horas con desniveles de mil metros y terreno pedregoso.
  • Emergencias: 112, número único en Italia, que activa también al socorro alpino.

Una montaña caliza plantada en mitad de la península

El macizo forma una barrera de unos treinta kilómetros orientada de noroeste a sureste, con dos vertientes que no se parecen. La meridional cae sobre la meseta en laderas de pasto y canchal; la septentrional es una muralla de paredes verticales, canales y circos, con un ambiente que recuerda mucho más a los Dolomitas que a una sierra mediterránea.

La roca es caliza, con toda su consecuencia práctica: el agua desaparece bajo tierra, así que en las cotas altas no hay fuentes y los cursos superficiales son escasos. Quien planifica aquí como planificaría en un macizo granítico se queda sin agua a media jornada.

El otro rasgo que define la zona es la meseta. Campo Imperatore es una altiplanicie amplia, sin arbolado, recorrida por rebaños durante siglos y con una red de caminos de trashumancia todavía visible. La comparación con las altiplanicies de Asia central es un tópico local, pero funciona: la escala del espacio vacío desconcierta.

Todo ello está dentro de un parque nacional que protege también las montañas contiguas del norte, un conjunto de cumbres de esquisto y arenisca con un régimen de agua completamente distinto, con cascadas y bosque cerrado. Los Abruzos concentran una proporción de superficie protegida difícil de igualar en el sur de Europa.

Cómo se llega desde Roma, con coche y sin él

La vía natural es la autopista que cruza la península hacia el Adriático y que pasa justo por debajo del macizo. Desde el este de Roma hasta las salidas que dan acceso al pie de la montaña se tarda alrededor de dos horas, con tramos de túnel largos y peaje.

Desde ahí, una carretera de montaña remonta hasta la meseta con una sucesión de curvas cerradas. Es una carretera abierta al tráfico durante la temporada sin nieve y sujeta a cierres cuando las condiciones invernales llegan, algo que en octubre puede ocurrir después de un temporal.

Sin vehículo propio también se puede. Hay servicio regular de autobús entre Roma y la ciudad principal de la comarca, con una duración algo inferior a las dos horas, y desde allí enlaces locales hasta el fondo del valle. El calendario de esos enlaces se reduce fuera de temporada y conviene confirmarlo antes de contar con él.

Existe además una instalación de remonte que salva el desnivel entre el fondo del valle y la meseta. Funciona por temporadas y ha tenido periodos de parada por obras, así que la regla es sencilla: se comprueba el día antes y nunca se convierte en la única forma prevista de bajar.

Dos travesías de trekking en el Gran Sasso, de dos y tres días

Camino de tierra cruzando una meseta amplia con cumbres nevadas al fondo
Giorgio Galeotti / CC BY 4.0

El macizo se presta a dos formatos distintos y ninguno de los dos exige material técnico en condiciones estables. Los dos, en cambio, exigen leer el parte con atención en octubre.

La primera es una travesía de dos días con base en la meseta. Primera jornada de aproximación por la altiplanicie y las lomas del sur, con desnivel moderado, para dormir arriba. Segunda jornada larga, con la subida a la cumbre principal por su vertiente sur y descenso al punto de partida. Entre seis y ocho horas efectivas el día fuerte.

La segunda es una travesía de tres días que cruza el macizo de un lado al otro. Se sube desde la meseta al collado central, se pasa la primera noche en la vertiente norte, se recorre el segundo día la zona de circos bajo las paredes y se desciende el tercero hacia el valle septentrional. Es la fórmula que mejor muestra el contraste entre las dos caras.

Para quien busque algo más exigente existe una travesía de cresta larga por el filo del macizo, con pasos equipados y tramos aéreos, que se considera un recorrido de montaña serio y no un sendero. Requiere experiencia, casco, arnés y disciplina de horario, y no es lo que uno improvisa un fin de semana.

En cualquiera de los tres casos, la regla que ordena la jornada es la hora límite de regreso. Con once horas de luz como mucho y descensos por canchal que no se pueden hacer a oscuras, la hora de dar la vuelta se fija en el aparcamiento y no se discute a media subida, igual que en cualquier recorrido que aprieta de verdad.

Las travesías comparadas

La tabla ordena los tres planteamientos por lo que exigen. Los tiempos son de caminata efectiva, sin paradas, para un grupo entrenado.

Recorrido Días Desnivel del día fuerte Terreno Condición y material
Circular con cumbre desde la meseta 2 En torno a 1.100 metros Pasto, canchal y roca fácil Fondo para ocho horas, bastones, casco recomendable
Travesía sur a norte 3 En torno a 900 metros Collados, circos y sendero de montaña Fondo para tres jornadas seguidas con mochila
Cresta larga del macizo 2 Superior a 1.000 metros, con tramos equipados Roca aérea con pasos asegurados Experiencia en terreno expuesto, casco, arnés y disciplina horaria
Vuelta baja por la altiplanicie 1 o 2 Inferior a 500 metros Pista pastoril y sendero ancho Caminata cómoda, apta con niebla y con nieve reciente

La última fila es la más útil de todas en octubre. Cuando la cota alta amanece cubierta, la altiplanicie sigue siendo caminable, con visibilidad reducida como único problema, y salva un fin de semana que de otro modo se quedaría en el coche.

Qué hace octubre con el terreno

Octubre en este macizo es un mes de transición muy marcado y la diferencia entre la primera y la última semana puede ser enorme.

Lo habitual es tener días estables, aire limpio y temperaturas agradables en la meseta, con heladas nocturnas por encima de los mil ochocientos metros. Es probablemente la mejor luz del año y la menor afluencia de toda la temporada sin nieve.

Lo que cambia es la cota alta. Las primeras nevadas suelen llegar en la segunda mitad del mes por encima de los dos mil doscientos metros, y no se mantienen: funden de día y vuelven a helar de noche, dejando placas de hielo en los tramos umbríos y en los canales. Ese es el peligro real del mes.

En terreno de canchal helado, unos bastones no bastan. Si el parte anuncia nieve reciente, la travesía de cumbre se pospone o se sube con crampones ligeros y la técnica para usarlos, y si nadie del grupo la tiene, se cambia de plan sin más conversación.

La niebla es el otro factor. La altiplanicie se cubre con rapidez y sin referencias visuales resulta desconcertantemente fácil desorientarse en un terreno que parece abierto y evidente. Mapa descargado, brújula y rumbo apuntado antes de salir.

El agua, el problema que nadie espera en una montaña

En un macizo calizo el agua se infiltra y circula por dentro. La consecuencia sobre el terreno es que la parte alta está seca: no hay arroyos fiables, las pocas fuentes están en cotas bajas y algunas dejan de manar al final del verano.

Para una jornada larga de octubre, la referencia es de dos a tres litros por persona, y hay que subirlos desde el coche. Con temperaturas frescas, la sed avisa tarde y mucha gente termina la jornada con déficit y con dolor de cabeza que atribuye a la altura.

En las travesías con pernocta, la logística del agua condiciona el itinerario entero. O se enlaza con un punto donde se pueda recargar, o se carga el volumen de dos días, que son varios kilos añadidos a la mochila.

Merece la pena informarse en el propio refugio o en el punto de información del parque sobre el estado de las fuentes en fechas concretas, porque varía cada año y ningún mapa lo refleja de forma fiable.

Dónde se duerme y qué hay que confirmar antes

El macizo tiene alojamientos de montaña en la meseta y refugios de altura bajo la cara norte y en el filo occidental. Su calendario de apertura es estacional y en octubre depende del año y de la meteorología, así que confirmar por teléfono es obligatorio antes de contar con una plaza.

Cuando el refugio guardado ya ha cerrado, algunos mantienen una parte abierta a modo de abrigo invernal, sin servicio y sin suministros. Eso no es un alojamiento: es un techo. Quien lo use tiene que subir saco de invierno, comida, hornillo y agua, y dejarlo mejor de como lo encontró.

En la meseta hay además alojamiento con servicio en el entorno del remonte y opciones en los pueblos del pie del macizo, que es la fórmula más cómoda para la travesía de dos días con base fija.

La acampada libre está regulada dentro del parque nacional y no es libre en el sentido que muchos le dan. Las condiciones concretas se consultan en la normativa del espacio, y lo razonable es preguntar en el punto de información antes de plantar nada.

La fauna que se puede cruzar en el camino

Rebeco de pelaje oscuro apoyado en un roquedo con la niebla subiendo por la ladera
Peter Heckert / CC BY-SA 2.0

La razón de conservación más celebrada del macizo es el rebeco de los Apeninos, una subespecie propia de la cordillera que estuvo al borde de la desaparición y que se ha restablecido aquí mediante reintroducción a partir de otros núcleos. Verlo en las laderas altas de la vertiente norte es hoy razonablemente probable.

El águila real cría en las paredes y se ve planeando sobre los circos, sobre todo a media mañana cuando empiezan las corrientes térmicas. También hay buitres y, en las cotas medias, córvidos de montaña que anuncian los collados.

El lobo apenínico está presente en toda la cordillera y utiliza la zona, aunque verlo es infrecuente y lo habitual es encontrar rastros. El oso pardo marsicano, la población más singular de la península italiana, tiene su núcleo bastante más al sur, y en este macizo solo se registran ejemplares de forma ocasional.

La regla de conducta es la misma en todos los casos: distancia, silencio, nada de alimento y nada de aproximación para la fotografía. Un rebeco que huye cuesta arriba en octubre gasta reservas que necesita para el invierno, y esa es la parte que rara vez se cuenta cuando se habla de recorrer un espacio protegido a pie.

El glaciar más meridional de Europa y lo que queda de él

Bajo la cara norte de la cumbre principal, encajado en un circo profundo y protegido del sol durante buena parte del día, sobrevive un cuerpo de hielo permanente que durante mucho tiempo se consideró el glaciar más meridional del continente.

Su situación actual es delicada. Ha perdido superficie y espesor de forma continuada en las últimas décadas, se ha fragmentado y varios estudios lo clasifican ya como un cuerpo de hielo residual más que como un glaciar activo. La cubierta de derrubios que lo tapa parcialmente es lo que ha retrasado su desaparición.

Verlo desde el collado que lo domina es una de las razones para subir, y también una lección incómoda sobre lo que está pasando en las montañas del sur de Europa. No se cruza ni se pisa: es terreno con grietas, bloques inestables y caída de piedras desde las paredes.

El circo entero, de hecho, es una zona de desprendimientos frecuentes. El casco no es un exceso en esta vertiente, y las horas centrales del día, cuando el hielo funde y suelta bloques, son las peores para estar debajo.

Por qué está vacío y cuánto tiempo va a seguir estándolo

La explicación de la baja afluencia no es misteriosa. El turismo internacional que llega a Roma tiene una agenda urbana y arqueológica, y el flujo de montaña italiano se concentra en los Alpes, que están mejor comunicados con el norte del país y con Centroeuropa.

A eso se suma que la comarca sufrió un terremoto grave hace más de una década, con consecuencias duraderas sobre la capital provincial y sobre el tejido turístico, y que la recuperación ha sido lenta y desigual.

El resultado es una montaña grande, protegida, bien señalizada y con infraestructura suficiente, que en días laborables de temporada media se recorre prácticamente en soledad. En agosto y en los fines de semana de julio la historia es otra, sobre todo en el entorno del remonte.

Es una situación que probablemente cambie, porque la comunicación con Roma es demasiado buena para que pase inadvertida mucho más tiempo. Quien busque una alternativa a los macizos saturados tiene aquí un argumento con fecha de caducidad.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer el macizo en una excursión de un día desde Roma?

Se puede, pero sale una jornada muy larga: cuatro horas de coche entre ida y vuelta más la caminata. Para una subida a la cumbre principal, con seis u ocho horas efectivas, significa salir de la ciudad de madrugada y volver de noche. Dormir una noche en la meseta o en un pueblo del pie cambia la experiencia por completo.

¿Hace falta material técnico para llegar a la cumbre?

En condiciones estables y sin nieve, no. Es un recorrido de montaña con tramos de roca fácil donde se usan las manos y con canchal expuesto a caída de piedras, así que el casco está justificado. Con nieve reciente o hielo en los canales, la valoración cambia y hacen falta crampones y saber emplearlos.

¿Qué pasa si el remonte está parado?

Que hay que subir y bajar a pie el desnivel entre el fondo del valle y la meseta, o llegar en coche por la carretera de montaña cuando está abierta. Por eso ninguna planificación debería apoyarse en la instalación como única vía: se comprueba su estado el día antes y se tiene alternativa.

¿Es buena idea octubre para ver fauna?

Es de los mejores meses. Los rebecos bajan de las cotas más altas, el celo de los ungulados anima el monte y el bosque de la vertiente norte cambia de color. Las mejores horas siguen siendo las dos primeras y las dos últimas de luz, con prismáticos y sin acercarse.

¿Qué se lleva en la mochila para una jornada de octubre?

Capas térmicas, cortavientos impermeable, gorro y guantes finos, bastones, frontal con pilas de repuesto, dos o tres litros de agua, comida de más y mapa descargado con el itinerario. Si hay previsión de nieve, se añaden crampones ligeros y se revisa si el grupo sabe usarlos antes de salir de casa.

Dos horas de autopista separan una de las ciudades más recorridas del planeta de una altiplanicie sin casas donde en octubre no se cruza casi nadie. Es una anomalía geográfica y probablemente temporal, y merece la pena aprovecharla con el mismo respeto que se le tendría a cualquier montaña grande.