Tour del Mont Blanc en septiembre, con medio circuito ya cerrando
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Tour del Mont Blanc en septiembre, con medio circuito ya cerrando

En Les Houches, a mediados de septiembre, el panel del remonte ya lleva pegada la fecha del último día de servicio. Faltan diez días. En la terraza del albergue hay cuatro personas repasando el itinerario con el teléfono en la mano, porque el refugio de la tercera jornada acaba de contestar que cierra el domingo y que en ese lado del valle no queda nada abierto hasta el pueblo del fondo.

La vuelta al macizo funciona como una cadena. Diez u once jornadas encadenadas en las que cada noche depende de la distancia de la anterior. Mientras la cadena está completa, es de las travesías más cómodas de Europa. En cuanto empiezan a caerse eslabones, y en septiembre se caen deprisa, deja de ser una ruta señalizada y pasa a ser un ejercicio de logística.

Lo que sigue ordena esa parte final de la temporada: qué queda abierto arriba, qué remontes y lanzaderas siguen dando servicio, cómo se comportan los collados con la primera nieve y qué alternativas de valle permiten seguir caminando cuando la etapa prevista ya no se sostiene.

En síntesis

  • Recorrido: alrededor de 170 kilómetros y del orden de 10.000 metros de desnivel positivo acumulado, en diez u once jornadas.
  • Países: Francia, Italia y Suiza, con las fronteras cruzadas a pie en los collados. El sentido antihorario es el habitual.
  • Temporada: de finales de junio a mediados de septiembre. La segunda quincena del mes es el desmontaje.
  • Condición física: cinco a siete horas de marcha diaria, entre 800 y 1.200 metros de subida, seis días seguidos, con siete a nueve kilos a la espalda.
  • Nieve: por encima de los 2.300 metros, la primera nevada seria puede caer en cualquier momento de septiembre.
  • Margen: dos días sobrantes en un plan de diez. No se guardan para el final, se gastan cuando hace falta.
  • Emergencias: 112 en los tres países; en Suiza funciona además el 1414 del rescate aéreo.

Ciento setenta kilómetros, diez mil metros y tres fronteras

El itinerario clásico rodea el macizo del Mont Blanc por completo. Son unos ciento setenta kilómetros de sendero y del orden de diez mil metros de desnivel positivo acumulado, repartidos en diez u once jornadas. No hay paso técnico, ni tramo de glaciar, ni necesidad de material de progresión sobre hielo.

La ruta atraviesa Francia, Italia y Suiza, y cambia de país en collados que se cruzan a pie sin más trámite que un cartel. El sentido antihorario, saliendo de Les Houches hacia Les Contamines, es el que sigue la mayoría y el que mejor ordena el reparto de etapas.

La dificultad real no está en la altitud. El punto más alto del itinerario principal se queda por debajo de los dos mil seiscientos metros, y las dos variantes altas apenas lo superan. Está en la acumulación: subir mil metros y bajar otros mil, un día detrás de otro, sin jornada de descanso.

Quien nunca haya encadenado tres jornadas seguidas de ese perfil debería probarlo antes en casa, con la mochila cargada. La travesía no castiga a quien va justo de forma; castiga a quien descubre en la cuarta bajada que las rodillas no lo llevan.

Por qué la segunda quincena parte el circuito en dos

La ruta como tal no cierra. El sendero sigue ahí, señalizado y transitable, y hay gente que la camina en octubre. Lo que cierra es la infraestructura que la convierte en una travesía cómoda: camas, cenas, remontes, lanzaderas y transporte de mochilas.

Ese desmontaje no ocurre de golpe ni con un calendario común. Cada refugio responde a su propia ocupación y al contrato de su personal, cada remonte para para hacer el mantenimiento antes de la temporada de esquí y cada lanzadera de valle termina cuando acaba el convenio estival. El resultado es un goteo de cierres a lo largo de dos o tres semanas.

La consecuencia práctica es que la primera quincena de septiembre se parece bastante a agosto —con menos gente y mejor luz— y la segunda es otra travesía distinta, que exige comprobar cada eslabón antes de salir de casa.

Refugios: los que estiran hasta octubre y los que ya no

Conviene distinguir tres niveles de alojamiento, porque no cierran a la vez. Los refugios de altura, situados junto a los collados, son los primeros en apagarse. Los albergues y casas de etapa de los pueblos intermedios aguantan más, porque también viven del turismo de valle. Y los hoteles de las localidades grandes funcionan casi todo el año.

Un detalle que sorprende a quien viene de otras cordilleras: en este circuito la reserva es obligatoria en la práctica totalidad de los establecimientos, también en temporada baja, y muchos cobran señal por adelantado. Presentarse sin avisar en septiembre suele significar encontrar la puerta cerrada con llave.

La acampada libre no es el plan B que parece. Está regulada de forma distinta en cada país y en varios tramos protegidos solo se admite el vivac nocturno, con horarios y con limitaciones de zona. Dormir bajo el cielo aquí exige informarse tramo a tramo, no improvisar; el atractivo de las noches a la intemperie en alta montaña no exime de comprobar dónde está permitido.

El efecto cadena: un cierre reescribe tres etapas

En una travesía circular con etapas fijadas por la distancia entre camas, un solo cierre no afecta a una jornada: afecta a tres. La anterior, porque hay que alargarla o acortarla para llegar a otro sitio. La propia. Y la siguiente, porque se sale desde un punto distinto del previsto.

Por eso el itinerario de septiembre no se construye desde el mapa hacia delante, sino desde las camas confirmadas hacia atrás. Primero se cierra la lista de noches disponibles y sus fechas reales de cierre, y solo después se reparten los kilómetros.

Merece la pena anotar, junto a cada reserva, dos datos que casi nadie apunta: hasta qué día concreto está abierto ese establecimiento y qué transporte público hay en el valle inmediatamente inferior. Con esas dos columnas, un cierre imprevisto se resuelve en diez minutos en vez de convertirse en una tarde perdida.

Los collados, y el que primero se cubre de nieve

Collado ancho con nieve reciente y una fila de caminantes cruzando al fondo

El itinerario principal cruza una sucesión de collados que se mueven entre los dos mil doscientos y los dos mil quinientos metros largos. El más alto de la línea clásica es el que separa Italia de Suiza, en el fondo del valle italiano. Las dos variantes altas del recorrido, la que sale de Champex y la que evita el collado francés de la segunda jornada, superan los dos mil seiscientos.

La nieve de septiembre se comporta de una forma bastante previsible. Cae por encima de los dos mil trescientos metros, cuaja primero en las vertientes norte y en las canales, y en condiciones normales desaparece de las caras soleadas en uno o tres días. El problema no es la nieve asentada: es la capa fina sobre roca pulida y el hielo de la primera hora.

Con nieve reciente en un collado, la decisión es binaria y se toma abajo, no arriba. O se tiene experiencia y material para progresar sobre nieve, o se toma la variante baja, que existe en todos los pasos comprometidos del recorrido. Subir a ver qué tal está es exactamente el escenario que acaba en rescate.

Fija además una hora límite para cada collado antes de salir del refugio. Si a esa hora no estás arriba, das la vuelta o tomas la alternativa de valle, aunque el paso se vea a media hora de distancia.

Las etapas clásicas, con la variante alta al lado

Esta es la secuencia habitual en sentido antihorario, con lo que conviene mirar de cada jornada en las últimas semanas de temporada. Las distancias exactas varían según la variante elegida y según dónde se duerma, así que la tabla ordena el recorrido, no lo mide.

Jornada País Paso principal Lo que cambia en septiembre
Les Houches a Les Contamines Francia Col de Tricot o variante baja Sin el remonte del inicio, la subida crece varios cientos de metros
Les Contamines a Les Chapieux Francia Col du Bonhomme y Croix du Bonhomme Jornada larga; la variante del Col des Fours pide tiempo estable
Les Chapieux a Courmayeur Francia e Italia Col de la Seigne La lanzadera del valle deja de operar antes que los refugios
Courmayeur al Val Ferret Italia Cresta del Mont de la Saxe Con nieve o niebla, alternativa por el fondo del valle
Val Ferret a La Fouly Italia y Suiza Grand Col Ferret El punto más alto del itinerario principal
La Fouly a Champex Suiza Recorrido de valle Etapa cómoda y con transporte público disponible
Champex a Trient Suiza Fenêtre d’Arpette o ruta de Bovine La variante alta se cae con la primera nevada; la baja aguanta
Trient a Tré-le-Champ Suiza y Francia Col de Balme Alternativa por el collado contiguo si sopla fuerte
Tré-le-Champ a La Flégère Francia Balcón sur del valle Escaleras metálicas incómodas con hielo matinal
La Flégère a Les Houches Francia Le Brévent Con los remontes parados, la jornada final se alarga bastante

Quien disponga de menos días suele partir el circuito por la mitad y hacer la parte francoitaliana o la francosuiza, entrando y saliendo por el valle de Chamonix. Es una solución razonable y, en la segunda quincena, bastante más fiable que forzar el recorrido completo.

Cuando cierra el remonte, la etapa cambia de longitud

Hay cuatro puntos del circuito donde un remonte se usa de manera habitual para ahorrar desnivel: la salida de Les Houches, los dos balcones del valle de Chamonix, la vertiente italiana sobre Courmayeur y la subida corta desde el pueblo suizo del lago. Ninguno es imprescindible, pero todos cambian la jornada.

Estas instalaciones paran entre mediados y finales de septiembre para el mantenimiento de entretemporada, antes de reabrir con el esquí. Y paran antes que los refugios, que es lo que descoloca al que planificó con un perfil de etapa sacado de una guía de verano.

El efecto se mide en horas. Una jornada que empezaba con seiscientos metros regalados pasa a tenerlos que subir, y eso son entre una hora y media y dos horas más de marcha, con la hora de llegada desplazada hacia el final del día justo cuando queda menos luz.

El calendario de funcionamiento lo publica cada operador y cambia cada año. Se comprueba una vez, se apunta al lado de la etapa correspondiente y se recalcula el horario. Contar con un remonte que no vas a encontrar es el error de planificación más repetido en estas fechas.

Trenes, autobuses y lanzaderas: cómo se entra y se sale

Casas de piedra y madera en un pueblo alpino con las laderas ya doradas
Jernej Furman from Slovenia / CC BY 2.0

El transporte de valle es lo que hace flexible esta travesía, y no todo funciona igual de bien fuera de temporada. La línea ferroviaria que recorre el valle de Chamonix y lo conecta con la vertiente suiza opera todo el año y es la columna vertebral del sistema. Los autobuses urbanos del valle también, con frecuencias reducidas.

La conexión con la vertiente italiana a través del túnel funciona igualmente durante todo el año, lo que permite pasar de Chamonix a Courmayeur en poco más de una hora. En el lado suizo, los autobuses del valle enlazan los pueblos de la ruta con la estación del fondo.

Las que sí desaparecen son las lanzaderas estacionales: la que da acceso al valle francés donde arranca la etapa del collado fronterizo y la que sube por el valle italiano. Son servicios de verano y terminan pronto. Quien contaba con ellas se encuentra con varios kilómetros de pista añadidos por delante o por detrás.

El Tour del Mont Blanc en septiembre desde una base fija

Hay una manera de caminar el Tour del Mont Blanc en septiembre que resuelve casi todos los problemas anteriores: no encadenar noches en altura y usar un alojamiento fijo en el valle, saliendo cada día a un tramo distinto con transporte público.

Las ventajas son evidentes. Desaparece el riesgo de la cadena de camas, se elige la jornada en función de la previsión de esa mañana, se camina con mochila ligera y el coste baja de forma apreciable. Con la línea de tren, los autobuses del valle y la conexión con Italia se alcanzan la mayoría de los tramos buenos del recorrido.

Tres jornadas funcionan especialmente bien en este formato: el balcón sur sobre el valle de Chamonix, con vistas frontales al macizo; el collado fronterizo francoitaliano abordado desde el lado italiano; y la subida al collado que separa Suiza de Francia desde el último pueblo del valle.

Lo que se pierde es la continuidad y el amanecer visto desde arriba, que es justo lo que mucha gente viene a buscar. Es un intercambio consciente, no una versión menor: en la misma zona, la estación fría del valle alpino funciona exactamente con esa lógica de base fija y salidas radiales.

El margen que hay que dejar por meteorología

La regla que mejor funciona es reservar dos días de margen en un plan de diez. No para alargar la travesía, sino para poder perder una jornada entera por temporal sin que se caiga el resto del itinerario.

Ese margen se gasta abajo, no arriba. Un día malo se pasa en un pueblo con techo, comida y transporte, no en un refugio de altura esperando a que escampe. Y se gasta cuando hace falta, no se guarda para el final: quien reserva el colchón para el último día acaba forzando la etapa comprometida bajo la lluvia.

El otro factor que cambia respecto al verano es la luz. A finales de septiembre quedan poco más de once horas de claridad útil, casi cuatro menos que en pleno solsticio. Eso adelanta la hora de salida, adelanta la hora límite de retorno y deja mucho menos margen para una etapa que se complica a media tarde.

Consulta el boletín de montaña del país en el que vas a caminar, no el parte de la ciudad más cercana, y hazlo la tarde anterior y otra vez por la mañana. Interesan tres cifras: cota de nieve, viento en cresta e isoterma cero. Con esas tres se decide casi todo.

Lo que cambia en la mochila respecto a agosto

El equipo básico es el mismo, pero hay una franja de material que en agosto se puede discutir y en la segunda quincena de septiembre no.

  • Capa de abrigo real, no un forro fino. Un plumón ligero o una sintética compresible que aguante una espera de veinte minutos en un collado con viento.
  • Gorro y guantes. Ocupan nada y son lo primero que se echa de menos a las siete de la mañana a dos mil quinientos metros.
  • Chaqueta impermeable con capucha y pantalón de agua. En septiembre los frentes atlánticos entran deprisa y descargan durante horas.
  • Bastones. No por la subida, sino por las bajadas largas y por los tramos de hierba helada de la primera hora.
  • Frontal con pilas de repuesto, porque la probabilidad de terminar una etapa con luz artificial se multiplica.
  • Comida de reserva para un día completo, pensando en el escenario de encontrar cerrado el sitio donde ibas a comer.
  • Sábana saco, obligatoria en la mayoría de los alojamientos de montaña, y ropa seca para dormir guardada aparte.
  • Manta térmica, botiquín personal y batería externa, con el teléfono cargado y el itinerario descargado sin conexión.

Lo que se puede quitar es agua: en esta ruta hay fuentes y pueblos con frecuencia, y cargar tres litros es innecesario salvo en las dos etapas más largas. Con esa lógica de auditar pieza por pieza, la que aparece en cualquier revisión seria del equipo de aventura, se baja el peso base a la franja de los siete kilos sin renunciar a nada importante.

Bajar al valle a mitad de travesía no es abandonar

Una de las mejores propiedades de este circuito es que casi todas las jornadas tienen una salida al valle en pocas horas. Desde los pueblos intermedios de las tres vertientes se llega a una carretera con transporte público, y desde ahí se puede volver al punto de partida o reincorporarse a la ruta dos etapas más adelante.

Los motivos para usar esa salida son siempre los mismos: una lesión menor que empeoraría, un parte que no da tregua, un alojamiento que ha cerrado sin avisar o un ritmo de grupo que no cuadra con las horas de luz disponibles. Ninguno de los cuatro merece que se fuerce una etapa de collado.

Deja dicho el itinerario y la hora prevista de llegada a alguien concreto antes de cada jornada, y avísale también cuando cambies de plan. Es la información que primero pide un equipo de rescate y la que más acota la búsqueda.

Y ten claro el número. En Francia, en Italia y en Suiza se llama al 112 desde cualquier móvil, con cobertura de cualquier operador. En territorio suizo funciona además el 1414 del servicio de rescate aéreo, que es el canal habitual para un helicóptero en esa vertiente.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer el circuito completo en la última semana de septiembre?

Se puede, pero deja de ser una travesía de refugios y se convierte en una combinación de albergues de pueblo, transporte de valle y etapas más largas. Hay que aceptar dos o tres noches abajo y la posibilidad de saltarse un tramo en autobús. Quien no acepte eso de antemano, es mejor que adelante las fechas.

¿Hace falta material de invierno si nieva en los collados?

Para una nevada de septiembre que cuaja unos centímetros y se va en dos días, no: hace falta calzado con suela en buen estado, bastones y criterio para tomar la variante baja. Si la nieve se asienta y hay hielo en las traviesas, entonces sí se necesita material de progresión, y con él, la experiencia de usarlo. En ese caso lo razonable es cambiar de plan.

¿Qué pasa si un refugio cierra después de haber reservado?

Lo normal es que avisen y devuelvan la señal, porque en esas fechas el cierre suele decidirse con días de antelación. El problema no es el dinero, es la etapa: por eso conviene tener localizada, para cada noche, cuál sería la alternativa en el valle inmediatamente inferior y cómo se llega hasta ella.

¿Compensa hacerlo en sentido horario para cruzarse con menos gente?

En septiembre ese motivo ya no aplica, porque la afluencia baja mucho. Y el sentido horario tiene un inconveniente concreto: los desniveles quedan repartidos de forma menos amable y varias señalizaciones e indicaciones de tiempos están pensadas para el otro sentido. Salvo motivo logístico, el antihorario sigue siendo la opción sensata.

¿Es viable dormir en tienda todo el recorrido?

No de forma limpia. La acampada libre está restringida en buena parte del itinerario y en varias zonas solo se admite el vivac entre el anochecer y la mañana temprano. Existen campings en algunos de los pueblos de paso, y esa sí es una fórmula viable, aunque obliga a bajar al valle más veces de las que marca la ruta clásica.