Del Cares al Naranjo con horarios medidos y vías de escape
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Del Cares al Naranjo con horarios medidos y vías de escape

Un miércoles de octubre, en el aparcamiento de Poncebos, hay diecisiete coches. Quince son de gente que va a entrar en la garganta, caminar unas horas y volver por el mismo sitio antes de que se ponga el sol. Los otros dos llevan mochilas grandes en el maletero y no se moverán de ahí hasta dentro de tres días.

Esa proporción resume cómo se usa este macizo. La ruta del desfiladero se recorre en una jornada y sale en todas las listas. Lo que queda por encima —la canal que sube mil trescientos metros hasta la vega, los jous sin una gota de agua— lo pisa una fracción mínima de esa gente.

Lo que sigue enlaza las dos cosas en cuatro jornadas, de Caín a Fuente Dé, pasando por la base del Picu Urriellu. Con los desniveles reales de cada etapa, con una hora límite para cada tramo alto y con las salidas al valle señaladas una a una, porque en octubre esa es la columna de la tabla que más se acaba usando.

Ficha de la travesía

  • Recorrido: cuatro jornadas entre Caín, en el valle de Valdeón, y Fuente Dé, cruzando el macizo central de oeste a este.
  • Cota máxima del macizo: Torre de Cerredo, 2.650 metros. La travesía descrita no pasa de los dos mil doscientos.
  • Desnivel: la jornada fuerte suma alrededor de 1.700 metros de subida desde el fondo del valle.
  • Condición física: cinco a siete horas de marcha diaria con ocho o nueve kilos, cuatro días seguidos, buena parte sobre canchal.
  • Alojamiento: dos noches en refugio guardado y una en pueblo con carretera. Reserva confirmada por teléfono, siempre.
  • Agua: es caliza, y el agua va por dentro. En cota alta se carga desde el refugio.
  • Luz en octubre: algo más de diez horas útiles a mitad de mes, y menos al final.
  • Emergencias: 112 en toda España, que activa al equipo de rescate de la comunidad correspondiente.

Tres macizos de caliza a veinte kilómetros del mar Cantábrico

La geografía del conjunto se recuerda con una frase: tres bloques de caliza separados por dos ríos que los cortan en gargantas. El occidental o Cornión, el central o Urrieles y el oriental o Ándara, repartidos entre Asturias, Cantabria y Castilla y León.

La cifra que explica el carácter de la montaña no es la altitud, sino la distancia al mar. Hay poco más de veinte kilómetros en línea recta entre la costa y una cumbre de dos mil seiscientos metros. Esa compresión produce paredes desproporcionadas, valles encajados y un tiempo que cambia en una hora.

El central es el más alto y el más árido de los tres. Un desierto de piedra gris con hoyos cerrados que aquí se llaman jous, canales de canchal y prácticamente ninguna fuente. Concentra las cumbres principales y las paredes que dieron fama al conjunto.

El occidental tiene más hierba, lagos y carretera hasta ellos, así que recibe mucha más gente; fue además el primer espacio declarado parque nacional en España, en 1918. El oriental es el más bajo y el menos visitado, con restos de una explotación minera repartidos por la montaña.

Cómo se reparte una travesía por los Picos de Europa en cuatro días

El planteamiento que mejor funciona para conocer el macizo central sin material técnico entra por el fondo del desfiladero y sale por el valle opuesto, sin repetir un solo kilómetro.

La secuencia es esta. Primera jornada, la garganta del Cares de Caín a Poncebos. Segunda, la subida a Bulnes y desde ahí a la vega del Urriellu. Tercera, descenso al collado de Pandébano y travesía hasta Sotres. Cuarta, cruce por los puertos de Áliva hasta Fuente Dé o Espinama.

El sentido importa más de lo que parece. De oeste a este se empieza con la etapa más llevadera, se afronta la subida grande con el cuerpo ya en marcha y se termina con transporte público disponible en el valle del Deva. En sentido contrario, la primera jornada es la más dura de las cuatro y con la mochila llena.

Quien disponga de dos días tiene una versión reducida que conserva lo esencial: subir a la vega desde Poncebos o desde Pandébano, dormir al pie de la pared y bajar al día siguiente. Se pierde el cruce del macizo y no se pierde el motivo del viaje.

La garganta del Cares no es el paseo llano que parece

Camino estrecho tallado en la pared de un desfiladero profundo con el río al fondo

El camino que recorre el desfiladero entre Caín y Poncebos es la excursión más popular de estas montañas, y esa popularidad ha creado una idea equivocada: la de que se trata de una senda horizontal.

Son unos doce kilómetros por un camino tallado en la pared para dar servicio al canal de una central hidroeléctrica, hace un siglo. El trazado se mueve entre los doscientos y los quinientos metros de altitud, pero sube y baja sin parar, atraviesa túneles cortos y acumula bastante más desnivel del que sugiere el perfil general.

El segundo factor es la exposición. Hay tramos estrechos con caída vertical de decenas de metros y sin protección, y en los meses de más afluencia se cruza gente en puntos donde no sobra sitio. No es lugar para despistes ni para llevar a un niño suelto.

El tercero es el que se olvida siempre: no hay agua fiable, la sombra escasea y no existe salida intermedia. Una vez dentro, se sale por uno de los dos extremos. Con mochila de travesía, cuenta con cuatro horas y media largas.

De Poncebos a la vega del Urriellu: la jornada que decide

Desde el fondo del valle arranca el sendero que sube a Bulnes, un pueblo sin carretera, habitado todo el año, al que se llega andando por la canal o mediante un funicular excavado en la roca. El horario del funicular cambia por temporadas y se comprueba el mismo mes del viaje.

De Poncebos a Bulnes hay unos cuatrocientos metros de subida por un camino empinado y sin sombra, entre una hora y hora y media. Es un buen primer aviso de lo que viene después, y también el punto donde se decide si se carga agua para toda la jornada.

La segunda mitad es otra cosa. De Bulnes a la vega del Urriellu hay del orden de mil trescientos metros de subida sostenida, con la majada de la Terenosa a media altura y un tramo final por canal de piedra que se empina de verdad. Cuatro horas para un grupo entrenado y con mochila ligera; cinco largas para el resto.

Sumadas las dos partes, la etapa se va a los mil setecientos metros de desnivel positivo desde Poncebos. Por eso mucha gente la parte durmiendo en Bulnes o la acorta con el funicular. Ninguna de las dos cosas es hacer trampa: es ajustar el plan a la luz que queda en octubre.

El Picu Urriellu de cerca, y por qué a su cima no se llega andando

Monolito de caliza vertical dominando una vega de hierba alta al final de la tarde
Josep Florit / CC BY-SA 4.0

La vega del Urriellu está a algo menos de dos mil metros, es un prado de hierba rodeado de piedra y tiene delante una aguja de caliza de dos mil quinientos diecinueve metros con una pared oeste de más de quinientos. Ese es el motivo del viaje.

Conviene decirlo claro porque genera confusión cada temporada: a la cima del Picu Urriellu no se sube caminando. Todas sus vertientes son terreno de escalada, y la vía más asequible sigue siendo una sucesión de largos con cuerda, material y experiencia. Lo que se hace a pie es llegar a su base, dormir ahí y rodearla.

La primera ascensión la firmaron en 1904 Pedro Pidal y el pastor Gregorio Pérez, conocido como el Cainejo, y desde entonces la pared oeste es una referencia de la escalada peninsular. Desde la vega se ven las cordadas moviéndose por ella, que es un espectáculo en sí mismo y una buena razón para no tener prisa esa tarde.

Quien quiera algo más que la contemplación tiene el rodeo completo a la base de la aguja, un plan de media jornada que encaja bien si la previsión desaconseja cruzar el macizo ese día. Es lo que hace de este uno de esos espacios protegidos donde la escala del terreno se entiende sin explicaciones.

Las cuatro etapas, con desnivel y hora límite

Los tiempos son de marcha efectiva para un grupo entrenado, sin paradas largas. La hora límite es la de salida del punto alto de cada jornada, y se fija la noche anterior contando el descenso completo con margen sobre el ocaso.

Jornada Tramo Subida Tiempo efectivo Hora límite y observaciones
Primera Caín a Poncebos por la garganta del Cares Escasa, con subidas y bajadas continuas 4 a 5 horas Sin salida intermedia; se entra con el horario de regreso decidido
Segunda Poncebos a la vega del Urriellu por Bulnes Unos 1.700 metros 5 a 7 horas Salir de Bulnes antes de las once; canal de piedra en el tramo final
Tercera Vega del Urriellu a Sotres por Pandébano Unos 400 metros 5 a 6 horas Descenso largo por canchal; con niebla, seguir los hitos sin atajar
Cuarta Sotres a Fuente Dé o Espinama por los puertos de Áliva Unos 700 metros 5 a 6 horas Estar en los puertos antes de las dos si se cuenta con el teleférico
Variante alta Vega del Urriellu a Fuente Dé por Horcados Rojos Unos 800 metros 7 a 9 horas Canchal continuo y orientación exigente; no con niebla ni con nieve

La segunda jornada es la que define la travesía, y la tercera es la que sorprende. Sobre el papel tiene poco desnivel; en la práctica cuesta más de lo previsto porque el terreno es canchal continuo, sin sendero marcado y con hitos que hay que ir buscando uno a uno.

La variante alta que cruza por Horcados Rojos hasta la estación superior del teleférico es la línea más espectacular del macizo y también la más comprometida de la lista. Pasa junto a un refugio diminuto en pleno desierto de piedra, exige leer el terreno todo el rato y no admite niebla. Se plantea solo con parte estable y experiencia previa en canchal.

Dónde se abandona: las salidas al valle, una por una

La ventaja de este macizo frente a otros más extensos es que nunca se está a más de unas horas de una carretera. Lo que hace falta es saber cuáles son las salidas antes de entrar, porque una torcedura o una niebla cerrada obligan a decidir deprisa.

  • Desde la garganta: se sale por Caín o por Poncebos, y por ningún punto intermedio. Es la etapa con menos margen de toda la travesía.
  • Desde Bulnes: descenso a Poncebos por el camino o por el funicular, según horario. Es la salida más rápida de la segunda jornada.
  • Desde la vega del Urriellu hacia el norte: bajada a Bulnes en dos horas y media largas, con el valle del Cares debajo.
  • Desde la vega hacia el este: descenso a Pandébano y de ahí a Sotres o a Tielve, con pista rodada en el tramo final.
  • Desde los puertos de Áliva: bajada a Espinama por pista ganadera, o a la estación superior del teleférico si está en servicio.
  • Desde Sotres: es pueblo con carretera, alojamiento y servicio de autobús en temporada. Funciona como final de travesía si sobra un día de mal tiempo.

La salida por el teleférico tiene una advertencia que conviene subrayar: funciona por temporadas y horarios, para por viento y en días de afluencia alta se satura. Es una vía de escape excelente y no es una garantía, así que nunca se planifica como única salida de la jornada.

Deja dicho el itinerario del día y la hora prevista de llegada a una persona concreta, y avísale también cuando cambies de plan. Es el primer dato que pide un equipo de rescate y lo que reduce la búsqueda de un macizo entero a un valle, igual que en cualquier travesía poco transitada.

La niebla, los jous y la desorientación

Este es el riesgo específico del macizo central, y el que más rescates provoca entre gente con experiencia. No tiene que ver con la dificultad del terreno, sino con lo parecidas que son unas zonas a otras.

El interior de los Urrieles es un laberinto de hoyos cerrados sin desagüe, separados por lomas de canchal que se repiten. Con visibilidad, la navegación es evidente y los hitos se encadenan a la vista. Con niebla, el paisaje se vuelve homogéneo y el siguiente hito aparece a diez metros o no aparece.

De ahí sale el error clásico: bajar buscando el fondo, por instinto, lleva al centro de un jou del que no se sale por abajo. Hay que volver a subir, y esa maniobra con niebla y cansancio desorienta todavía más. La caliza, además, tiene simas abiertas repartidas por todo el macizo.

Lo que funciona se prepara antes: traza descargada en el aparato y en el teléfono, mapa en papel y brújula, rumbo apuntado al salir del refugio y un punto de retorno acordado con el grupo. Si la niebla entra a media etapa y no hay referencia clara, quedarse quieto en un sitio identificable es casi siempre la decisión correcta.

El agua en un macizo donde llueve mucho y no hay arroyos

La contradicción desconcierta a quien llega de otras cordilleras. Es una de las zonas más lluviosas de la península y, aun así, en la parte alta del macizo central no hay ni un arroyo del que beber.

La explicación es la roca. La caliza es permeable, el agua se filtra por las fisuras y circula por dentro de la montaña hasta salir muy abajo, en manantiales del fondo de los valles. Lo que se ve arriba es piedra seca, y lo que se encuentra en los jous en octubre son charcas de deshielo turbias.

La regla práctica es cargar desde el refugio y desde el valle, con dos o tres litros por persona y jornada según la temperatura. En otoño la sed avisa tarde y es habitual llegar al refugio con déficit y con dolor de cabeza. Los refugios guardados tienen agua, y en la reserva se pregunta si conviene tratarla.

Las majadas conservan fuentes ganaderas de caudal variable y los neveros de octubre son poca cosa y están sucios. Contar con ellos para completar la ración de una etapa por canchal arruina la jornada.

Octubre en el macizo: luz, temperatura y lo que ya está cerrado

El tiempo lo manda el Cantábrico. Las masas húmedas llegan del norte, chocan contra la pared caliza y descargan, de manera que la vertiente septentrional es mucho más lluviosa que la meridional, con diferencias grandes entre puntos separados por pocos kilómetros.

Lo habitual en octubre es una alternancia de días muy limpios con episodios de lluvia persistente de dos o tres jornadas. Arriba aparecen las primeras nevadas, que no suelen cuajar y sí dejan hielo en las canales orientadas al norte y en los tramos umbríos de primera hora.

Hay un patrón local que merece atención: el viento del sur sube la temperatura, seca el ambiente y regala una visibilidad excepcional. Un día de sur espléndido en octubre es, con mucha frecuencia, el aviso del frente que entra cuarenta y ocho horas después. Consulta el boletín de montaña de la zona, no el parte de la ciudad más cercana.

Y está el calendario de servicios. Los refugios guardados acortan temporada, algunos pasan a funcionar solo con su dependencia invernal, las líneas de autobús de valle reducen frecuencias y el teleférico tiene parada de mantenimiento. Nada de eso se deduce: se confirma por teléfono la semana anterior, refugio por refugio y servicio por servicio.

Refugios, funicular y teleférico: qué se confirma antes de salir

El macizo tiene una red de refugios guardados repartida por los tres bloques, con capacidad limitada y temporadas que se acortan a partir de septiembre. La reserva es obligatoria en la práctica y en otoño no basta con un correo enviado hace un mes.

Las preguntas que resuelven casi todos los malentendidos son cinco: si hay guarda esas fechas, si dan cena y desayuno, si tienen agua, qué pago aceptan y hasta qué hora se puede llegar. La última es la que más se olvida y la que más problemas causa.

Aunque el refugio esté guardado, hay material que se lleva siempre: saco sábana, frontal con pilas de repuesto, comida para una jornada extra y manta térmica. Un cierre adelantado por temporal o un retraso propio convierten esa lista en la diferencia entre una incomodidad y un problema.

El resto del material es el de montaña seria de otoño: bota con caña rígida, bastones, capas térmicas, impermeable con capucha, gorro y guantes finos, casco en los tramos de canchal bajo pared, y mapa además del aparato electrónico. Si el parte anuncia nieve reciente en cota alta, la valoración cambia por completo y el canchal helado pide otra cosa, como ocurre en cualquier itinerario planteado en el filo de la temporada.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta experiencia técnica para esta travesía?

Hace falta fondo y costumbre de caminar por canchal, más que técnica. En el itinerario descrito no hay pasos de escalada, y sí muchas horas sobre piedra suelta y tramos donde el sendero desaparece entre hitos. Quien nunca haya caminado sin senda clara debería empezar por la versión corta de ida y vuelta a la vega.

¿Qué mes es el mejor para cruzar el macizo?

Junio y septiembre dan el mejor equilibrio entre estabilidad, temperatura y refugios abiertos. Octubre compensa por la luz y por la ausencia de gente, con la contrapartida de días cortos, servicios cerrando y primeras nieves arriba. Agosto tiene el tiempo más fiable y la mayor afluencia con diferencia.

¿Cuánta agua hay que cargar en las etapas altas?

Entre dos y tres litros por persona y jornada, cargados desde el refugio o desde el valle. En la parte alta del macizo central no hay fuentes fiables por el carácter permeable de la caliza, y contar con encontrar agua por el camino es el fallo de planificación más repetido en esta montaña.

¿Hay cobertura móvil arriba?

Es irregular y depende mucho del punto. En las vegas y en algunas lomas hay señal, y en el fondo de los jous y de las gargantas no la hay. Lleva el teléfono con batería suficiente, ten presente que el 112 puede cursarse a través de la red de otro operador y no confíes la seguridad del grupo a la cobertura.

Es un macizo pequeño que se comporta como uno grande. En cuatro días se pasa del fondo de una garganta a mil metros de pared, de un pueblo sin carretera a un desierto de piedra, y de una visibilidad infinita a una niebla que borra el terreno en veinte minutos. Quien lo mide por sus cotas se lleva un susto; quien lo mide por sus horas vuelve al año siguiente.